EL RELATO DE LA SEMANA
Hermanos de la congregación, quierosle mostrar
aquí una historia basada en la real vida (que no monárquica) de nuestro amigo
Faustino.
Faustino era un cómico hombre que frisaba la
cuarentena. Con canas y entradas en la cabeza cual bahías cochinas. Era
contable en una empresa de gran renombre, cuyo nombre obviaremos a fin de no
poner en peligro nuestras adoradas vidas.
Acababa de divorciarse Faustino en un largo
proceso en el que su mujer, Mari Juli, le había dejado poco más que unas mudas
y un viejo coche. Así que ahora ya no podía dormir en la ciudad, y tenía cada
día un tortuoso camino de dos horas y media hasta el pueblo.
Menos mal que a su mujer le daban asco las
pulgas y las cucarachas y no había querido saber nada de la casa del pueblo.
Una de las primeras noches, conducía Faustino
llegando a los oscuros lindes del pueblo, cuando una luz destelló en las
alturas. No sabiendo como actuar, Faustino paró el motor, bajose del coche y se
puso a bailar clacket para mostrar sus intenciones de no agresión a la luz que
se había parado justo encima de él.
Pronto un chorro de potente luz le envolvió y
llevóselo como paja que arrastra la corriente.
Su siguiente recuerdo fue el estar tumbado
sobre una camilla blanca. Unos seres cabezones que no podía ver bien estaban a
su alrededor haciéndole alguna clase de pruebas. Uno de ellos le miró fijo y le
dijo con la voz de la mente. “No aprietes tanto el culo, Faustino”.
Al rato volvió a despertar, y allí estaba la
camilla, pero aquella era una mesa camilla, y sobre ella unas tazas de café
humeante y unas pastas. Igualitas a las que servía en tiempos su abuela Tomasa
en el pueblo.
Y al levantar la vista, la vio. Su abuela
Tomasa le sonreía desde el otro asiento. Le ofreció con un gesto que tomara el
café, y las pastitas. Parecía su abuela, pero Faustino sabía bien que se
enfrentaba a un Alien, así que adoptó su actitud más digna y se sirvió la
merienda.
Con la voz de la mente, Tomasa el
Extraterrestre le dijo:
“Somos del planeta KESHEJODA TKU EXMUHER,
hemos venido ayudarte”. Después le dedicó una angelical sonrisa. “Mira por esa
ventana, Faustino, y verás algo divino”.
Faustino miró, en efecto, y observó como se
descorría una cortina. Dentro vio una beatífica visión. Su ex mujer encerrada
en una jaula.
“Haremos con ella lo que quieras, ya te ha
causado bastante daño. Nosotros nos dedicamos a repararlo”.
Llevárosla a vuestro planeta, que no la
aguanta aquí ni su madre. Dijo Faustino manteniendo la compostura.
“SEA”. Dijo Tomasa el Extraterrestre con la
voz de la mente.
Después de eso, Faustino bostezó y sintió que
tenía sueño.
Al despertar estaba acostado en su cama, y
pensó que había tenido una curiosa pesadilla. Al menos aquella noche las
chinches le dejaron dormir bien.
Al día siguiente, en el trabajo, recibió una
llamada de la policía. Su ex mujer había desaparecido, y querían saber si él
sabía algo. La investigación no se prolongó mucho, porque los policías no iban
a preocuparse demasiado por aquella mujer tan ajada por el tiempo, y de aspecto
más bien desagradable.
Al cabo de los meses, Faustino recuperó todo
su patrimonio. Un pisito en medio de Madrid con vistas a un patio interior y
otro coche un poco menos destartalado.
Varios años después, hermanos de la
congregación, volvió Faustino a visitar el pueblo. Se había casado con una
chica joven, que le había hecho por fin feliz, y que quería ver el pueblo de su
amado.
Por el camino, una luz apareció y un ovni se
paró en la vertical del deportivo de Faustino.
De nuevo fue absorbido por el haz de luz. De
nuevo una camilla y extraterrestres metiéndole mano por todos lados. De nuevo
la mesa camilla y Tomasa el Extraterrestre.
“Nos ha contado tu ex mujer, que te ha echado
mucho de menos y que te necesita allá en nuestro planeta y quiere que vuelvas
con ella”.
¡Ni por pienso! Espetó el señor Faustino
mientras daba buena cuenta de una pasta (¡que ricas están!, pensaba).
“No es tu elección. Además, completarás la
colección de nuestro zoo. Aunque ya no creo que estéis en edad de procrear, pero
en nuestro planeta tenemos ciertas técnicas...”
Faustino se sintió bostezar, y luego caer en
un hondo sopor.
Abajo, su nueva mujer, primero se preocupó.
Luego llamó a la policía, y cuando pasaron los días, llamó a su amante y lo
celebraron brindando por todo lo alto.
Faustino, en la estrella Juanita la Korta , de la constelación de
Orient, caminaba junto a su primera mujer por la jungla de bacilocactos del
planeta que ahora simplemente se llamaba JHODANSHEE.
Mari Juli, esposa mía, desde este rincón del
cosmos te lo digo:
¡EL DESTINO ES UN DESATINO!!!!!.
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